Una historia antes de dormir

Olman Vargas Benavides
2 min readDec 31, 2020

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Anoche al acostar a Lu y Kiki me pidieron que les contara una historia de cuando era niño. Algunas veces lo hago y ya hace rato que les repito historias porque no tengo más, pero me insistieron que contara alguna nueva. Esto ya ha pasado entonces hago trampa, y les cuento cualquier recuerdo, algo que no califica como historia pero al menos de chance de provocar alguna sensación, alguna idea de lo que fue mi infancia. En fin, cerré los ojos y puse mi mente en blanco y me acordé de los temblores del 91, o mejor dicho el Terremoto de Limón en 1991.

Como todo recuerdo de la infancia es difuso y cuesta saber qué es real y qué imaginación. Pero creo que en ese terremoto estábamos en la casa y salimos soplados. Al frente vivían mis primas y primos, al salir me topé al primo de mi edad con un par de juguetes suyos y me dijo que decidió rescatar sus juguetes favoritos. Yo sentí inmediatamente la responsabilidad irrevocable de rescatar los míos así que fui a mi cuarto y tomé una de esas calabazas de Halloween que dieron en algún momento en McDonalds y le eché unos 4 o 5 juguetes de mis favoritos. Al salir de mi casa me vio mi mamá y me regañó porque era un mal momento para ir a rescatar unos juguetes ya que podían venir réplicas. Pasó el tiempo y finalmente pude entrar de nuevo a la casa pero recuerdo que por unas semanas dormimos en la sala, los cuartos quedaban en un segundo piso y mi mamá consideró que nos iría mejor en el primer piso si temblaba de noche. Al terminar de contarles el recuerdo Lu me comentó que sonaba un poco divertido, y la verdad que sí, para mí era parecido a acampar, además después de la primera noche también bajamos el tele a la sala.

En ese momento se me prendió la bombilla y les dije que seguro cuando ellas sean adultas y alguien les pida contar algo de sus infancias seguramente contarán que de pequeñas apareció el Covid y vivieron una pandemia, que no podían salir de la casa y recibieron clases en compu. Ambas rieron y fue un momento de tranquilidad y esperanza porque ellas y yo hicimos clic y encontramos consuelo al pensar que esto algún día acabará (ha sido difícil). “Bueno, también ha sido un poco divertido” dijo después de un momento en silencio Lu, que suele buscar el ángulo optimista.

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